Me pregunto quién las habitaría y qué manera lo harían. Se puede adivinar desde afuera, por las grandes tinajas que hay en el interior de las casa, a qué se dedicaba la gente que las vivía. Y también se adivina que se resisten a ser olvidadas...




Una de las peores cosas que nos pueden pasar es perder la memoria. De niña me entusiasmaban aquellas fotos en blanco y negro que nos trasladaban a otra época: descubrí que mis padres habían sido niños, que mis abuelos no siempre habían tenido tantas arrugas y que revivían momentos cualquiera que dejaron de serlo por aquellas imágenes. Memoria revivida gracias a una fotografía. Hoy yo intento llenar mi vida de trocitos de memoria: momentos, lugares y cosas que intento disfrutar con otra mirada.




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